sábado, 14 de abril de 2012

Proyecto Abril: Adictos a la escritura: NUEVA VIDA.


“Que tal blogueros, después de darle muchas vueltas y de por un momento pensar que no me daría tiempo realizar el relato de este mes en Adictos a la escritura, lo tengo terminado. En atención al aniversario del hundimiento del Titanic, el relato tenía que guardar relación con el tema; así que aquí les dejo lo que surgió en esta tarde de sábado. Espero les guste y como siempre estoy atenta a sus comentarios.”


NUEVA VIDA



Recuerdo bien que días antes de partir a América me sentía bastante intranquila, aunque los miedos o dudas de una niña de doce años difícilmente son tomados en cuenta. Papá insistía en que América me gustaría. Él pensaba que eso era lo que me inquietaba: el hecho de vivir en un nuevo lugar. Pero esa no era la razón que me mantenía despierta por las noches.
El agua, la inmensidad del mar hacía que el miedo me estremeciera. Cuando se lo dije a papá recuerdo que me miró fijamente, y entonces me dijo que algo tan hermoso como el mar no tenía por qué darme miedo, que apenas lo viera cambiaría mi opinión.
Y así fue, apenas mis ojos tuvieron a la vista esa inmensidad azul quedé cautivada, aunque el buque que sería mi hogar por apenas pocos días atrapó por completo mi atención. Papá dijo que era el “Titanic”, el insumergible, aquél que nos llevaría en tiempo récord a Nueva York. Un transporte muy adecuado para la alta sociedad inglesa: lujo, seguridad y vanguardia. O al menos eso fue lo que dijo papá.
Nosotros abordamos en Southampton. Un barullo general me rodeaba. Recuerdo el puerto aglomerado de gente, un montón de ojos curiosos sólo por el interés que el “Titanic” despertaba. Me sentía en las nubes, totalmente afortunada por ser parte de esa extraordinaria travesía. Y allí estábamos: pasajeros de primera clase.
Mamá parecía fascinada, lucía en su rostro una amplia sonrisa mientras caminaba con papá tomándolo del brazo hacia el área de abordaje. Creo que nunca la había visto más hermosa, aunque quizá era porque se le notaba feliz. En casa llevaba una vida relajada, sin problemas creo yo, pero aun así parecía triste y había veces que se quedaba días sin hablar, sola en su habitación mirando por la ventana. Por eso su rostro, ese día en que el Titanic zarpaba, se quedó vivo en mi memoria y me encantó el efecto que ese barco ejerció en mi madre.
Yo avanzaba delante de ellos, muy pegada a papá, quien me guiñaba un ojo cada vez que nuestras miradas se encontraban, en tanto mamá me reñía. «Por favor, cierra la boca. Una señorita no anda por allí con la boca abierta »me decía. Así que yo procuraba disimular mi sorpresa ante semejante embarcación, caminando con la espalda recta y la cabeza altiva.
Tuve la seguridad de que en mi vida no vería nada parecido. Tenía ante mí a uno de los más lujosos transatlánticos, aunque para impresionar a una chica de doce años bastó con echarle un pequeño vistazo a los dieciocho metros de altura que éste tenía. Sólo con eso ya me daba por bien servida.
Mi imaginación se quedó corta cuando vi por primera vez el interior del barco: los camarotes, los muebles, las decoraciones, la cúpula de cristal que dejaba entrar la luz del día, todo era asombroso. Hubiera sido una maravilla que el “Titanic” hubiera podido llegar a su destino.
A pesar de todo, aquellos días que pasé en el “Titanic” para mí fueron perfectosNunca me había sentido más apegada a mi madre. Se le notaba tierna y me hacía sentir sumamente querida. Paseaba con ella por la cubierta, en tanto me contaba historias de mi padre y ella, entonces observábamos el mar y dejábamos que la brisa fresca nos diera directa en el rostro.
 Por las noches veía salir a mamá y a papá, vestidos con elegantes ropas. Cuanto deseé ser mayor para poder seguirlos a todas partes, a esos lugares que por mi edad no me eran permitidos y cuyo desconocimiento lograba que se me hicieran fascinantes.
Esa noche dormía apaciblemente. Únicamente escuchaba murmullos. Reconocí la voz de mi padre y pude notar la preocupación que despedía. Me despertaron al poco rato y papá me dijo que me vistiera y me abrigara. Se me hizo muy extraño, sin embargo, no repliqué.
Salimos al frescor de la noche. El miedo me invadió y fue la primera vez que vi a mi padre vacilar. Al igual que yo, él tenía miedo. Por el rostro de mamá surcaban un par de lágrimas. ¡Qué poco me duró la felicidad de haberla recuperado! Esa noche también me sería arrancada su compañía. El buque insumergible se hundía y no había nada que pudiera hacerse para evitarlo.
Todo a mí alrededor era un caos. La gente se arremolinaba en los botes salvavidas: no fueron suficientes para dar cabida a los tripulantes. Yo bajé en uno de ellos y mis padres se quedaron en cubierta. Lo último que me dijo papá es que todo estaría bien. Mamá sólo me abrazó y los sollozos evitaron que saliera palabra alguna de su boca, apenas un perceptible “te quiero”. El desastre era inminente: un desastre titánico.
Exactamente a las 23:40 horas del 14 de abril de 1912, el “Titanic” colisionó con un iceberg, abriendo su casco. Aproximadamente dos horas después se había hundido. Mujeres, hombres y niños fueron arrastrados por las aguas oscuras. Más de mil vidas se apagaron en esa noche. Las estrellas brillaban en el firmamento y yo sólo podía pensar en esas vidas que ya no habrían de seguirse escribiendo, entre éstas las de mis padres.
El arribo a Nueva York no fue lo que esperaba, de la niña que había abordado el “Titanic” bajo las protectoras alas de sus padres ya no quedaba nada. La inocencia tan característica de la infancia había desaparecido y llegaba a Nueva York una persona adulta. Tomada de la mano de una desconocida piso tierra, y habría de comenzar una nueva vida. Pero esa, es otra historia.

7 comentarios:

  1. Uno de los puntos de vistas que faltaban, de los más duros en la realidad, y creo que también a la hora de retratarlos. Escuchando y leyendo algunos de los testimonios de los niños sobrevivientes, se me helaba la sangre.
    Tu relato es muy bueno, logra transmitir esa nostalgia y dolor por la inocencia y felicidad perdidas.

    Besos!

    ResponderEliminar
  2. Como en un instante se puede acabar la vida de miles de personas, todo inesperado!!!! me gusta!!!

    ResponderEliminar
  3. Como en un instante se puede acabar la vida de miles de personas, todo inesperado!!!! me gusta!!!

    ResponderEliminar
  4. Un texto muy conmovedor. Otro punto de vista, otra historia que representa a una parte de todos los seres humanos que estaban allí ese día.

    Un gusto leerte!!

    ResponderEliminar
  5. Li, has conseguido una historia real, tierna e implacable a la vez. Te ha quedado bordado.

    Besos.

    ResponderEliminar
  6. Pos, me parece muy genial porque me transmitiste todas las emociones de la niña...¡My buen relato!

    ResponderEliminar

Gracias por pasar y comentar, espero y hayas encontrado algo de tu agrado.