martes, 30 de octubre de 2012

Proyecto octubre - Los dos mundos: Encuentro fallido.



Saludos blogueros, les dejo mi proyecto del mes de octubre para Adictos a la escritura: LOS DOS MUNDOS. El proyecto consistía en realizar un relato tomando como base central la festividad de todos los santos o halloween, debiendo versar sobre la noche en la que el mundo de los vivos y los muertos se mezclan. Así que el siguiente relato es lo que surgió, espero haberlo realizado acorde a lo requerido, espero su opinión y como siempre estoy atenta a sus comentarios.


ENCUENTRO FALLIDO



Un relámpago llenó de luz la estancia, reduciendo por un momento la oscuridad. El olor a flores embargaba el ambiente y al fondo del pasillo se distinguía una veladora encendida: una luz titilante apenas perceptible.
La lluvia arreciaba y un viento fuerte agitaba los árboles situados en el camino que llevaba a la entrada. Celeste mantenía una mano pegada a la ventana, con la mirada perdida en un punto lejano, sin realmente ver nada.
Afuera hacia frío, y ella, en el interior de la casa, bajo el chal que cubría sus hombros temblaba. Una sensación extraña le recorría el cuerpo, cual corriente eléctrica: la expectativa de lo que esa noche prometía y que se avecinaba.
Un ruido a su espalda hizo que todos sus sentidos despertaran, pero se dijo que aún era pronto, que seguramente había sido otra cosa. No obstante, cerró por un momento los ojos y se centró en los ruidos que llegaban a sus oídos.
Reconoció el sonido de la lluvia, del viento colándose por las rendijas, incluso pudo apreciar el crepitar del fuego que ardía en la chimenea de la otra habitación, pero de él nada. Aún no estaba con ella. «Todavía no», se dijo.
Abrió los ojos y observó a su alrededor. El lugar estaba en penumbras, pero reconocía cada cosa con sólo distinguir su silueta: las fotografías que adornaban las paredes, el jarrón azul que consiguieron en un mercado, el sofá que él se había empeñado en comprar a pesar de que el color era horrible.
Sonrió para si cuando recordó el argumento que él había utilizado para convencerla de comprarlo. «¿Qué tanto me amas?», le había preguntado, y entonces se lo había enseñado en la tienda. Dos días después ambos estaban sentados en ese sofá. «El sofá más feo del mundo», le había dicho ella, pero al final tuvo que reconocer que era bastante cómodo.
Detuvo sus recuerdos de golpe antes de que la dejaran hecha un guiñapo, una muñeca rota incapaz de recomponerse. No quería que él la viera así. Había practicado la mejor de sus sonrisas y esperaba que él la notara feliz, aunque no fuera del todo cierto.
Avanzó por la estancia, recorriéndola de un lado a otro con gesto nervioso. Quería verlo y no podía controlar por más tiempo la ansiedad de sentirlo cerca. Al fin, el reloj anunció la hora con sus características campanadas: era exactamente la medianoche.
Se sobresaltó cuando oyó pasos a su espalda. Se giró sorprendida y a tiempo estuvo de ver una sombra que transitaba por la casa. Se escuchó un portazo y después una suave música terminó por borrar todo rastro de silencio.
Absorta, Celeste siguió la música, reconociendo la melodía como si fuera suya. Avanzó en dirección al pasillo y no se detuvo hasta llegar al umbral de su habitación. El ventanal que daba al jardín estaba abierto. Entonces lo vio.
Estaba de espaldas a ella, observando la lluvia, totalmente inmóvil. Ni siquiera se había dado cuenta de su presencia. Lo observó un rato más, hasta que una ráfaga de viento agitó las cortinas y entró con fuerza a la habitación. Celeste retrocedió, adentrándose en la oscuridad. Entonces, él fue a su encuentro.
Caminó directamente hacia el fondo del pasillo. El viento había apagado la veladora. Se acercó y con un cerillo volvió a encenderla. La luz proyectó sombras a lo largo del pasillo y dejo ver un pequeño altar que se alzaba encima de una mesa. Un jarrón con flores frescas se ubicaba en el centro y colgado de la pared había un retrato de una mujer.
Celeste lo miraba, casi podía tocarlo.
—¿Celeste? —dijo él y no hubo respuesta—. Debo estar volviéndome loco —concluyó.
Cuando él se dio la vuelta lo único que pudo ver fue su sombra en el piso. Ella, en cambio, pudo verlo acurrucarse en el sofá de la estancia hasta que se quedó dormido, solo entonces, ella volvió a tomar su lugar habitual.
Celeste mantenía una mano pegada a la ventana, con la mirada perdida en un punto lejano, sin realmente ver nada, sin siquiera poder ver en el vidrio su propio reflejo. 

jueves, 11 de octubre de 2012

Ruego


Saludos blogueros, les traigo estas líneas que fueron inspiradas por alguien hace poco, algo más de lo que acude a mi cabeza y que mejor manera de dejarlo salir que a través de la escritura. Espero y les guste lo que lean, como siempre estoy atenta a sus comentarios.


Pintura al óleo del artista inglés Rob Hefferan.

RUEGO

Cierra los ojos por un instante y respira, no dejes que tu mundo —en el que habito— se venga abajo. No tengo la certeza de cuando habrá de quedar atrás esa sensación de pesadumbre, pero permíteme aliviar tus penas y hacer más ligera tu carga, pues al fin y al cabo tus tristezas son las mías.


El día de hoy parece interminable, lo sé. Nubes negras han dificultado tu camino y la lluvia comienza a arreciar. La amargura va aprisionando tu corazón tras un muro que parece imposible de derribar y comienzo a sentirte lejos. Esta añoranza de ti va haciendo mella en mi alma, pero no cedo.

No cierres las puertas y abre cuando llamo. Si necesitas silencio, seré un suave murmullo, apenas una ligera brisa que despeinará tus cabellos. Si por el contrario, estás harto de este mutis absurdo, entonces llenaré de música cada rincón y ahogaré tu abatimiento. 

Cierra los ojos, respira y escucha. No pretendo convertirme en tu sombra, tan sólo quiero ser ese faro que te lleve a puerto seguro cuando la tormenta pase, porque créeme, ha de pasar y estaré allí esperando tu regreso. 

Algunas veces sólo basta con dejarse llevar, cual hoja movida por el viento. Pero si notas que tus fuerzas flaquean, no te preocupes, que de ser necesario seré desafiante luchadora y protegeré lo nuestro.

No te pido nada a cambio, es más bien un ruego: cierra los ojos, respira, escucha, pero sobre todo siente, y sólo en ese momento abre los ojos de nuevo. Si notas un leve crujir, no te agites, la batalla está ganada y el muro que cubría tu corazón está cayendo.